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Ah! alma mía! ¡Ah, alma mía! Tus perezosos sentidos no son más que barrotes que se interponen entre tú y las estrellas, y te cierran el mundo divino.
Ah! alma mía! ¡Ah, alma mía! Tus perezosos sentidos no son más que barrotes que se interponen entre tú y las estrellas, y te cierran el mundo divino.