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Contrariamente a todo lo que oímos sobre las mujeres y su problema del nido vacío, puede que sean los padres, con más frecuencia que las madres, los que se sientan dolidos por la marcha inminente o real de los hijos; los padres que quieren retrasar el reloj, mantener a los hijos en casa sólo un poco más. En repetidas ocasiones, las mujeres comparan su propio alivio con la angustia de sus maridos.