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A pesar de toda su aparente tolerancia, Estados Unidos mantiene un peculiar equilibrio entre las fuerzas del capitalismo y la democracia. Para conseguirlo, estoy seguro de que el país está guiado por alguna fuerza oculta; una organización que trabaja en secreto, lo bastante poderosa como para deshacerse de los Kennedy y de cualquiera que se interponga en su camino.