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  • Si se mencionaba el homicidio, la locura, el adulterio y las torturas intolerables, dejábamos que las campanas de la iglesia repicaran más fuerte, que el órgano de la iglesia hinchara su tañido y ahogara el horrible sonido. El azúcar que criaban era excelente: nadie probaba la sangre en él.

    Ralph Waldo Emerson, Ronald A. Bosco, Joel Myerson (2015). “Ralph Waldo Emerson”, p.277, Harvard University Press