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Cada vez que prefieres los placeres de este mundo a las alegrías del cielo, escupes en la cara de Cristo; cada vez que para ganar en tus negocios, haces una cosa injusta, eres como Judas vendiéndole por treinta monedas de plata; cada vez que haces una falsa profesión de religión, le das un beso de traidor; cada palabra que has dicho contra Él, cada pensamiento duro que has tenido de Él, ha ayudado a completar tu complicidad con la gran multitud que se reunió alrededor de la Cruz del Calvario, para burlarse y mofarse del Señor de la vida y de la gloria.