Autores:
  • Estamos llamados a amar a los demás. Compartimos el Evangelio porque amamos a la gente. Y no compartimos el Evangelio porque no amamos a la gente. Por el contrario, les tememos equivocadamente. No queremos causar incomodidad. Queremos su respeto, y después de todo, pensamos que si tratamos de compartir el evangelio con ellos, ¡pareceremos tontos! Así que nos quedamos callados. Protegemos nuestro orgullo a costa de sus almas. En nombre de no querer parecer raros, nos contentamos con ser cómplices de que se pierdan.