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Observa cómo juzga tu mente. El juicio proviene, en parte, de tu propio miedo. Juzgas a los demás porque no te sientes cómodo en tu propio ser. Al juzgar, descubres cuál es tu posición en relación con los demás. La mente que juzga es muy divisiva. Separa. La separación cierra tu corazón. Si cierras tu corazón a alguien, estás perpetuando tu sufrimiento y el suyo. Dejar de juzgar significa aprender a apreciar tu situación y la de los demás con el corazón abierto, en lugar de juzgar. Entonces puedes permitirte a ti mismo y a los demás simplemente ser, sin separación.
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