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  • Cuando se considera a los seres humanos como seres morales, el sexo, en lugar de estar entronizado en la cumbre, administrando sobre derechos y responsabilidades, se hunde en la insignificancia y la nada. Mi doctrina es, pues, que todo lo que es moralmente correcto que haga el hombre, es moralmente correcto que lo haga la mujer. Nuestros deberes se originan, no en la diferencia de sexo, sino en la diversidad de nuestras relaciones en la vida, los diversos dones y talentos confiados a nuestro cuidado, y las diferentes épocas en que vivimos.