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La ciencia comienza con el mundo en el que nos ha tocado vivir, aceptando sus datos e intentando explicar sus leyes. A partir de ahí, avanza hacia la imaginación: se convierte en una construcción mental, un modelo de una posible forma de interpretar la experiencia. Cuanto más avanza en esta dirección, más tiende a hablar el lenguaje de las matemáticas, que en realidad es uno de los lenguajes de la imaginación, junto con la literatura y la música. El arte, en cambio, parte del mundo que construimos, no del mundo que vemos. Comienza con la imaginación y luego se dirige hacia la experiencia ordinaria.