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Otra de las potencialidades de nuestra incontenible juventud es la capacidad de mantener hasta el inicio de la senilidad una activa interacción creativa con nuestro entorno. Persistimos en explorar, investigar, inventar, descubrir. En estos aspectos, los seres humanos de todas las épocas, de todas las sociedades, de todas las edades de la vida, nos parecemos más a los bebés chimpancé y en absoluto al chimpancé adulto, sedado y rígidamente conformista, que no ha cambiado mucho desde que tenía cinco o seis años.