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Para cometer actos violentos e injustos, no basta que un gobierno tenga la voluntad o incluso el poder; es preciso que los hábitos, las ideas y las pasiones de la época se presten a cometerlos.
Para cometer actos violentos e injustos, no basta que un gobierno tenga la voluntad o incluso el poder; es preciso que los hábitos, las ideas y las pasiones de la época se presten a cometerlos.