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[El 'reduccionismo' es una de esas cosas, como el pecado, que sólo menciona la gente que está en contra de él. Llamarse a uno mismo reduccionista sonará, en algunos círculos, un poco como admitir que se come bebés. Pero, del mismo modo que nadie come bebés, nadie es realmente reduccionista en ningún sentido contra el que merezca la pena estar.