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Un hombre sin dinero que no tiene lazos que le aten es dueño de sí mismo en todo caso, pero un desgraciado que está enamorado ya no se pertenece a sí mismo, y no puede quitarse la vida. El amor nos hace casi sagrados a nuestros propios ojos; es la vida del otro lo que veneramos en nosotros; entonces y así comienza para nosotros el más cruel de los problemas.