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Uno se da cuenta de que las relaciones humanas son la trágica necesidad de la vida humana; que nunca pueden ser totalmente satisfactorias, que cada ego está la mitad del tiempo buscándolas ávidamente y la otra mitad alejándose de ellas. En esas relaciones sencillas de marido y mujer cariñosos, hermanas afectuosas, hijos y abuela, hay innumerables matices de dulzura y angustia que conforman el patrón de nuestras vidas día a día, aunque no figuran en la lista de temas a partir de los cuales trabaja el novelista convencional.