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  • Es lo fijo lo que nos horroriza, lo fijo lo que nos asalta con la tremenda fuerza del sinsentido. Lo fijo es un tarro de masón, y no podemos abrirlo a golpes. ...Lo fijo es un mundo sin fuego: pedernal muerto, yesca muerta, y en ninguna parte una chispa. Es movimiento sin dirección, fuerza sin poder, la procesión sin rumbo de orugas alrededor del borde de un jarrón, y lo odio porque en cualquier momento yo mismo podría dar un paso hacia ese hilo encantado y brillante.

    Annie Dillard (2011). “Pilgrim at Tinker Creek”, p.69, Hymns Ancient and Modern Ltd