-
En el comercio minorista, mucha gente se obsesiona demasiado con el balance final. ¿Cuánto voy a vender? ¿Voy a poder hacer todo lo que tengo que hacer? En cambio, si están en paz y se sienten bien consigo mismos -si tratan a los clientes con amor y actúan como hombres y mujeres de Estado y como personas que están conectadas con Dios en un sentido espiritual- entonces cada día para ellos es una verdadera alegría.