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He recibido su carta del día 6, con el elocuente discurso pronunciado en la consagración de la Sinagoga judía. Habiendo considerado siempre que la libertad de opiniones religiosas y de culto pertenece por igual a todas las sectas, y que su disfrute seguro es la mejor disposición humana para llevar a todos a la misma forma de pensar o a esa caridad mutua que es el único sustituto, observo con placer la visión que da del espíritu con el que su secta participa de las bendiciones que ofrecen nuestro gobierno y nuestras leyes.