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Los vapores de las imaginaciones más desordenadas se registraron en su código religioso, como comunicaciones especiales de la Deidad; y como no podía sino suceder que, en el curso de las edades, de vez en cuando surgieran acontecimientos a los que algunas de estas vagas rapsodias pudieran acomodarse con la ayuda de alegorías, figuras, tipos y otros trucos con las palabras, no sólo han conservado su crédito con los judíos de todos los tiempos posteriores, sino que son la base de gran parte de las religiones de aquellos que se han separado de ellos.