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La primera parte de una buena obra es la voluntad, la segunda es el esfuerzo vigoroso en la realización de la misma. Dios es el autor de ambas. Es, por tanto, un robo de Dios arrogarnos algo a nosotros mismos, ya sea en la voluntad o en el acto.
La primera parte de una buena obra es la voluntad, la segunda es el esfuerzo vigoroso en la realización de la misma. Dios es el autor de ambas. Es, por tanto, un robo de Dios arrogarnos algo a nosotros mismos, ya sea en la voluntad o en el acto.