-
No podemos comunicarnos con el Señor si no nos comunicamos entre nosotros. Si queremos presentarnos ante Él, debemos dar un paso hacia el encuentro. Para ello debemos aprender la gran lección del perdón: no debemos dejar que las carcajadas del resentimiento trabajen en nuestra alma, sino que debemos abrir nuestro corazón a la magnanimidad de escuchar a los demás, abrir nuestro corazón a comprenderlos, eventualmente a aceptar sus disculpas, a ofrecer generosamente las nuestras.