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Así como Jesús aprendió obediencia por las cosas que sufrió, nosotros aprendemos obediencia por las circunstancias difíciles que enfrentamos. Cuando obedecemos la Palabra de Dios que es hablada por el Espíritu Santo, creceremos y maduraremos en los tiempos de conflicto y sufrimiento. Nuestro conocimiento de las Escrituras no es la clave. La obediencia lo es.