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Echar de menos a alguien tiene que ser una de las peores emociones humanas. Todos los demás sentimientos, como la rabia, el miedo y el horror, tienen mucha más repercusión, como si su intensidad les diera más valor, pero mientras que esas emociones aparecen en estallidos violentos y desaparecen de nuevo, el desgarrador dolor de la pérdida simplemente hay que soportarlo. Es como un ruido de fondo, siempre está ahí, nunca desaparece. Sólo tienes que intentar bloquearlo, distraerte, esperar que mañana el agujero que han dejado se haya hecho un poco más pequeño.