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En su estreno, The Room fue una bomba espectacular, recaudando sólo 1.800 dólares durante sus dos semanas iniciales en Los Ángeles. No fue hasta el último fin de semana de su corto estreno cuando se plantaron las semillas de su eventual salvación cultural. Al pasar por una sala de cine, dos jóvenes estudiantes de cine llamados Michael Rousselet y Scott Gairdner vieron un cartel en la taquilla que decía: NO SE ADMITEN DEVOLUCIONES. Debajo del cartel aparecía este fragmento de una crítica: "Ver esta película es como recibir una puñalada en la cabeza". Estaban convencidos.