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El concepto de supervivencia emocional o espiritual tiene una historia honorable, pero invita a la autoindulgencia. En mi caso, a lo peor que he sobrevivido ha sido a una grave confusión personal y política, a la tentación de varios tipos de locura y a un par de malos viajes de ácido. En aquel momento me pareció horrible, y en parte incluso peligroso, pero Auschwitz no lo fue.