-
Oh, qué miserable es no tener a nadie que comparta tus penas y alegrías, y, cuando tu corazón está apesadumbrado, no tener un alma a la que puedas derramar tus penas.
Oh, qué miserable es no tener a nadie que comparta tus penas y alegrías, y, cuando tu corazón está apesadumbrado, no tener un alma a la que puedas derramar tus penas.