-
Cuando el trono de Dios es derrocado, el rebelde se da cuenta de que ahora es su propia responsabilidad crear la justicia, el orden y la unidad que buscó en vano dentro de su propia condición, y de este modo justificar la caída de Dios. Entonces comienza el esfuerzo desesperado por crear, al precio del crimen y del asesinato si es necesario, el dominio del hombre.