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Las quejas de los escritores contemporáneos, que deploran el aumento del lujo y la deprevación de las costumbres, son comúnmente expresivas de su peculiar temperamento y situación. Hay pocos observadores que posean una visión clara y completa de las revoluciones de la sociedad, y que sean capaces de descubrir los simpáticos y secretos resortes de la acción que impulsan, en la misma dirección uniforme, las pasiones anodinas y caprichosas de una multitud de individuos.