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El sistema, al menos el estadounidense, es un vasto y noble experimento. Ha sido modelo y ejemplo para otras naciones. Pero desde el jardín de infancia hasta que se gradúa en la universidad, la niña es tratada exactamente igual que sus hermanos. Estudia las mismas asignaturas, domina los mismos deportes. Es un magnífico conocimiento el que aprende, una educación para la mente más allá de lo que Jane Austen o Santa Teresa o incluso la Sra. Pankhurst jamás soñaron. Es verdaderamente utópico. Pero la utopía nunca estuvo destinada a existir en este desaliñado planeta.