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No sé en el mundo por qué alguien consentiría en ser rey, y nunca ser dejado a sí mismo, sino ser preocupado y fatigado e interferido desde el anochecer hasta el amanecer y desde la mañana hasta la caída de la noche.
No sé en el mundo por qué alguien consentiría en ser rey, y nunca ser dejado a sí mismo, sino ser preocupado y fatigado e interferido desde el anochecer hasta el amanecer y desde la mañana hasta la caída de la noche.