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Era una calurosa tarde de mediados de agosto en Brinoe y todo el mundo que era alguien hacía tiempo que había abandonado sus ardientes aceras y sus fríos palacios por las montañas o el mar.
Era una calurosa tarde de mediados de agosto en Brinoe y todo el mundo que era alguien hacía tiempo que había abandonado sus ardientes aceras y sus fríos palacios por las montañas o el mar.