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El hombre codicioso acumula riquezas, no para disfrutarlas, sino para tenerlas; y se muere de hambre en medio de la abundancia, y de la manera más antinatural se engaña y se roba a sí mismo lo que es suyo; y hace un duro cambio, para ser tan pobre y miserable con una gran propiedad, como cualquier hombre puede ser sin ella.