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Una vez que un personaje ha cuajado, es una sensación inconfundible, como si un motor se pusiera en marcha dentro del propio cuerpo. A partir de ese momento, uno se deja llevar por esa otra persona, ve las cosas a través de sus ojos.
Una vez que un personaje ha cuajado, es una sensación inconfundible, como si un motor se pusiera en marcha dentro del propio cuerpo. A partir de ese momento, uno se deja llevar por esa otra persona, ve las cosas a través de sus ojos.