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  • No es de mala educación apagar el teléfono pasándolo a un contestador automático, que es más barato y menos molesto que arrancarlo de la pared. Los que se ofenden porque no siempre se les puede atender cuando pretenden, a su conveniencia, irrumpir en la conversación con la gente, sufren de una expectativa grosera.

    Judith Martin (1990). “Miss Manners' Guide for the Turn-of-the-Millennium”, p.282, Simon and Schuster