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¿Qué pueden decir los gobernantes, la nobleza y todos los señores de la tierra para justificar la horrible matanza y mutilación de veinte o treinta millones de hombres valiosos que hace poco tiempo araban, cavaban, tejían, construían, guiaban el tráfico del mundo, disfrutaban de sus placeres, amaban a sus semejantes, apreciaban a sus familias y nada temían?