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  • Una y otra vez me sorprende la prolijidad de la poesía moderna, como si el lenguaje hubiera sustituido a la experiencia y tuviera que ser cada vez más extremo, intrincado y en cierto modo divorciado de la vida misma. Parece como si lo que todos necesitáramos fuera una gran purificación... pero, ¿cómo se conseguirá?