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Los frutos de esta profunda unión con Jesús son maravillosos: todo nuestro ser es transformado por la gracia del Espíritu Santo: el alma, la inteligencia, la voluntad, los afectos e incluso el cuerpo, porque estamos unidos en cuerpo y espíritu.
Los frutos de esta profunda unión con Jesús son maravillosos: todo nuestro ser es transformado por la gracia del Espíritu Santo: el alma, la inteligencia, la voluntad, los afectos e incluso el cuerpo, porque estamos unidos en cuerpo y espíritu.