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Esta es la verdadera tarea que tenemos ante nosotros: reafirmar nuestro compromiso como nación con una ley superior a la nuestra, renovar nuestra fuerza espiritual. Solo construyendo un muro de tal determinación espiritual podremos, como pueblo libre, aspirar a proteger nuestro propio patrimonio y convertirlo algún día en el derecho de nacimiento de todos los hombres.