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  • El teísmo, como forma de concebir a Dios, se ha vuelto manifiestamente inadecuado, y el Dios del teísmo no sólo está muriendo, sino que probablemente no sea revivible. Si la religión del futuro depende de mantener vivas las definiciones del teísmo, entonces el fenómeno humano que llamamos religión habrá llegado a su fin. Si el cristianismo depende de una definición teísta de Dios, entonces debemos afrontar el hecho de que estamos viendo a este noble sistema religioso entrar en el rigor mortis de su propia agonía.