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La Antigüedad se complacía a menudo en arrojar un halo de gloria mítica en torno a sus nombres ilustres. Las obras inmortales de este gran filósofo parecían darle derecho a más que honores mortales. Una leyenda sobre cuya autenticidad nos abstendremos de indagar, afirmaba que su madre, Perictione, una virgen pura, sufrió una concepción inmaculada por influencia de Apolo. El dios declaró a Aristón, con quien estaba a punto de casarse, la filiación del niño.