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Dentro de unos siglos, nuestros tataranietos nos mirarán con asombro por haber permitido que un logro tan valioso de la cultura humana como la narración de una historia quedara hecho añicos por los anuncios publicitarios, el mismo asombro que sentimos hoy al mirar a nuestros antepasados, para quienes la esclavitud, la pena capital, la quema de brujas y la inquisición eran hechos cotidianos aceptables.