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La esencia del transporte aéreo es la velocidad y, por desgracia, la velocidad es uno de los productos más caros del mundo, principalmente debido a la desproporcionada cantidad de potencia necesaria para alcanzar una gran velocidad y elevar cargas a miles de metros de altura. Esto queda ilustrado por el hecho de que, mientras que un buque de carga, un tren de mercancías y un avión de transporte están equipados con motores de unos 2.500 CV cada uno, el buque puede transportar una carga de unas 7.000 toneladas, el tren 800 toneladas y el avión sólo dos toneladas y media.