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Uno puede tener un hogar ardiente en el alma y, sin embargo, nadie viene nunca a sentarse junto a él. Los transeúntes sólo ven una brizna de humo de la chimenea y siguen su camino.
Uno puede tener un hogar ardiente en el alma y, sin embargo, nadie viene nunca a sentarse junto a él. Los transeúntes sólo ven una brizna de humo de la chimenea y siguen su camino.