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Un gran número de estrellas de cine encaramadas en los inestables bordes de los barrancos de Los Ángeles, al igual que los cementerios de la zona, acabarán deslizándose y uniéndose a sus desafortunados compañeros en el fondo del barranco, con barro, coches y estrellas de cine embalsamadas o vivas en una gloriosa masa fangosa. No deberíamos prestar nuestro talento para crear catástrofes tan espectaculares.