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Había esperado
la vejez como un tiempo
de tranquilidad, un tiempo para dibujar
mis horizontes a mi alrededor,
para ver madurar los recuerdos
a la luz del sol de un jardín amurallado.
Pero está el vacío
sobre mi cabeza y la distancia
dentro de la cual las señales incansables
vienen. Y astronautas
en viajes imposibles
al lado lejano del yo
vuelvo con mensajes
que no puedo descifrar.