-
Tengo una preciosa agenda que me regaló un amigo en 1966. Literalmente, no puedo volver a abrirla. Jamás. Está en la estantería con más de cien nombres tachados. ¿Qué hay que decir? No hay palabras. Nunca entenderé por qué nos pasó a nosotros.
Tengo una preciosa agenda que me regaló un amigo en 1966. Literalmente, no puedo volver a abrirla. Jamás. Está en la estantería con más de cien nombres tachados. ¿Qué hay que decir? No hay palabras. Nunca entenderé por qué nos pasó a nosotros.