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Mi abuelo era una persona muy dotada y, entre sus muchas cualidades, una de ellas siempre me había impresionado especialmente. Mientras que el pasado era un libro que había leído y releído muchas veces, el futuro era una obra de arte literaria más en la que se volcaba con profunda reflexión y concentración. Desde su muerte, innumerables personas me han contado cómo leía el futuro, lo que sin duda era una de sus grandes virtudes.