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Canadá es uno de los pocos lugares que quedan donde se observan las pequeñas decencias. Si de joven despreciaba el país porque siempre parecíamos muy por detrás de la New York que marcaba estilo, ahora doy gracias a Dios por el retraso cultural. La nuestra, después de todo, es la buena vecindad. Una sociedad que merece la pena conservar.