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  • Habiéndose dicho más arriba que Dios doblega a su voluntad a todos los réprobos, y aun al mismo Satanás, se inician tres objeciones. Primera, que esto sucede por el permiso, no por la voluntad de Dios. A esta objeción hay una doble respuesta: la primera, que los ángeles y los hombres, buenos y malos, no hacen sino lo que Dios les designa; la segunda, que todos los movimientos son secretamente dirigidos a su fin por la oculta inspiración de Dios.

    John Calvin (1845). “Institutes of the Christian Religion”, p.102, Lulu.com