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Hay muy pocos críticos que aborden su trabajo con la combinación de información, entusiasmo y humildad que hacen de un buen crítico. Pero los críticos no tienen nada de malo, siempre y cuando la gente no les preste atención. Es decir, nadie quiere dejarles sin trabajo y un buen crítico no es necesariamente un crítico muerto. Es sólo que la gente toma lo que dice un crítico como un hecho y no como una opinión, y hay que saber si la opinión del crítico está informada o desinformada, si es inteligente o estúpida... pero la mayoría de la gente no se toma la molestia.