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De todos los árboles, observo que Dios ha escogido la vid, planta baja que se arrastra sobre el muro servicial; de todas las bestias, el cordero suave y paciente; de todas las aves, la paloma mansa y cándida. Cristo es la rosa del campo y el lirio del valle. Cuando Dios se apareció a Moisés, no fue en el alto cedro, ni en el robusto roble, ni en la extendida palmera, sino en un arbusto, un humilde, esbelto y abyecto arbusto; como si con estas elecciones quisiera frenar la engreída arrogancia del hombre.